Su cuerpo no representaba su edad pero su encaprichada personalidad delataba su verdad al momento en que sus labios se separaban.
La niña se odiaba a si misma. Debido a su físico, se obsesionó con la idea de que nunca iba a conocer el amor. Que se iba a queda sola toda la vida. Que nadie iba a tener el mínimo interés en sostener su corazón.
Quizás sobreexageró. Quizás no. Quizás realmente al verse al espejo no estaba melodramatizando cuando salía llorando, silenciosamente, de la habitación. "Soy horrible", se repetía una y otra vez. "Soy desproporcionada, tengo mucho más de lo que debería, no me gusta". Y en vez de hacer algo, se quedó estancada en ese mar.
La niña se volvió triste, solemne, casi de color gris.
Pero ella no se mostró ni triste, ni solemne, ni de color gris en el momento en que lo conoció a él.
El amigo de sus amigos.
El amigo de sus amigos era un chico alegre, un año mayor, alto, delgado, de cabello café claro y ojos grandes. Era también inteligente, agradable, y al parecer compartía muchos intereses con la niña.
La niña lo conocía, pero no como lo empezó a conocer ese año.
El amigo de sus amigos era, valga la rebundancia, de su grupo de gente, por lo cual se veían muy amenudo.
Un día, el amigo de sus amigos le pidió la dirección de e-mail a la niña. Luego le pidió el teléfono. Empezaron a conversar muy seguido. Día tras día. Y en ese invierno espectral de 2004, algo empezó a crecer dentro de la niña. Algo cálido. Algo que hacía que se le enredara la lengua al hablar con él. Algo que la ponía muy nerviosa. Algo que la hacía sentirse extraña. Algo curioso.
Pero la niña no se tenía confianza y decidió no tratar.
Un día los amigos fueron a buscar a otra chica a su escuela. Mientras iban caminando desinteresadamente, el amigo de sus amigos se acercó cuidadosamente a la niña. Empezaron a hablar de la vida, de la familia, de las circunstancias. Ya se conocían un poco.
Caminaron y caminaron, mientras los otros se adelantaban, ellos iban en otro mundo.
Y, de un momento a otro, le tomó la mano.
La niña se sintió asustada, emocionada, excitada, cuando sus dedos entrelazaron los de él. Era como cuando le daban ese gran regalo que había esperado por años. Comenzó a transpirar. La niña no supo nada más que sonreírle, y el le devolvió la sonrisa.
Al otro día se juntaron todos nuevamente. El amigo de sus amigos le tomó la mano a la niña pocos minutos después de haberla saludado con un gran abrazo y un curioso beso en su mejilla.
Apenas estuvieron en un lugar fijo, el amigo de sus amigos acurrucó en sus brazos a la niña.
Se sentía cómoda ahí, en sus brazos, recibiendo tanta atención. Solo tenía miedo de que el insistente latido de su corazón la delatara de forma indecorosa, y que, si es que él no deseaba lo mismo que ella, se alejara.
En su interior, la niña pensaba, ¿Qué tengo yo, una chica que no es bonita, una chica que no es delgada, una chica que no tiene nada en especial, que le pueda llamar la atención?
Se ilusionaba con la idea de que podría haber algo.
Ese día, él la invitó a ver una película, luego de que su padre accediera a dejarlo en su casa en auto después del bello día. "¡Sí!" dijo ella, quizás demasiado emocionada. Él se rio.
Fue un cálido día de Septiembre en donde todo estalló.
Los amigos fueron a una de las casas a pasar uno de los días libres que tenían. Era tan cálido el día que incluso se bañaron en una piscina. Conversaron todos, rieron, y compartieron juntos. La niña y el amigo de sus amigos estaban juntos, ella acurrucada en los brazos de él, el con sus dedos entrelazados con los de ella.
Y derrepente, la niña se vio sola, por primera vez, con el amigo de sus amigos.
El, inesperadamente, la separó un poco y la abrazó. Luego, y cuidadosamente, sus labios tocaron los de ella. Un beso tierno, corto.
La niña empezó a tiritar de nervios y emoción.
"¿Estás nerviosa?"- le susurró al oído.- "Que eres linda"- añadió a su comentario.
"Lo.. lo siento, es que... nunca había sentido algo así"-le dijo la niña, declarándose. No le podía mirar a los ojos de la vergüenza.- "Me gustas mucho."
"A mi también me gustas mucho"- le dijo él, y seguido a esto, sus brazos le entrelazaron la espalda, tomandola suavemente, y dirigiéndola hacia él.
Se besaron con nervios, con emoción, con alegría, con sentimiento. Largamente.
Luego de que salieron de la habitación, la niña no podía más con la alegría. Al fin había demostrado al destino que se había equivocado. No iba a estar más sola. Ella tenía derecho a ser amada. Lo tenía.
Los amigos y la nueva pareja se dirigieron, una hora más tarde, a otra casa.
La niña notó algo extraño. Hace una hora estaban besándose, ¿por qué el se veía tan lejano ahora, mientras caminaban hacia allá?
Llegaron a la casa, y sus amigos se pusieron a jugar en el patio un juego de ping-pong. Reían y conversaban alegremente. Ella también reía, se sentía feliz, pero había algo que la desconcertaba. Y no sabía que era. Se sentó a mirarlos jugar.
Luego llegó él. Le preguntó si se podía sentar. Ella feliz le dijo que si, y le tomó la mano alegrada.
El la miró curiosamente.
"¿Podemos hablar?"
Diablos. Eso no iba nada de bien.
"Lo siento mucho... Es que, simplemente no puedo, ¿podemos ser amigos?"
El mundo que la niña se había creado se había destruído completamente. El le había dado eso que ella nunca había sentido, se lo había regalado, le había donado una ilusión, una alegría de vivir. Y ahora estaba arrebatándosela.
"Lo siento. No puedo ser tu amiga."- le respondió, en shock.-"¿Qué diablos pasó? ¿Quieres ser mi amigo? ¿Por qué me diste ese beso?"
"Lo siento mucho, enserio que sí, perdóname por favor. Pensé que sentía algo, pero cuando pasó esto..." la niña, con cada palabra, era un destrozo a su pobre corazón. - "... pero cuando pasó esto, me di cuenta que en realidad me había equivocado".- finalizó, terminando el golpe.
La niña se levantó y se fue de la casa, llorándo, sin despedirse de nadie. Siguió llorando en la calle, en el bus, en su casa, y siguió llorando muchos meses después, sin entender.
[Continuará... ]















jeje con arto cariño 







